La noticia de la semana en medios nacionales se ha centrado en la exportación de flor de cannabis y la Resolución 539 de 2022, instrumento normativo que permitió esta actividad de comercio exterior. Ahora bien, en la mayoría de publicaciones solo se menciona que Colombia puede exportar flor, pero no se entra a analizar todo lo que implica dicho acto administrativo.

 

Así las cosas, en este escrito se ha decidido ilustrar una percepción propia sobre la Resolución 539 de 1 de abril de 2022 que, valga decir, es aquella que reglamenta el Decreto 811 de 2021 que sustituye el Título 11 de la parte 8 del Libro 2 del Decreto 780 de 2016, en relación con las operaciones de comercio exterior de semillas, grano, componente vegetal, plantas de cannabis, cannabis, derivados de cannabis y productos relacionados.

 

Haciendo un poco de memoria, en 2019 se anunció una reforma total a la regulación de cannabis de ese entonces (el Decreto 613 de 2017 y sus resoluciones técnicas). Allí los gremios iniciaron a generar presión ante el Gobierno para que se levantara la prohibición contenida en el decreto antes mencionado de exportar cannabis -flor-, puesto que era uno de los productos que se encontraban en mayor auge en el mercado internacional y no tenía sentido que Colombia, uno de los países con mayores proyecciones de producción, no pudiere exportar.

 

Luego de múltiples posturas políticas, algunas de ellas proteccionistas, el Gobierno dio la seguridad de que con la nueva regulación se podría exportar cannabis; no obstante, una vez expedido en Decreto 811 de 23 de julio de 2021, la decisión final sobre la posibilidad de realizar esta actividad comercial (sus fines y requisitos) se desplazó a una resolución futura, que casi 9 meses luego de la expedición del decreto, el 1 de abril de 2022, fue emitida.

 

Esta resolución adopta todos los requisitos técnicos necesarios para la obtención de vistos buenos por parte de MinJusticia, el Invima, el Fondo Nacional de Estupefacientes (FNE) y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Solo cuando se obtengan los vistos buenos correspondientes, se emitirá la licencia de importación o solicitud de ingreso a zona franca, o se permitirá la exportación de materiales.

 

Según esta norma, se podrán importar hacia el territorio aduanero nacional o ingresar a zonas francas, y exportar desde el territorio aduanero nacional o desde zonas francas los siguientes productos:

 

  • Semillas para siembra
  • Grano
  • Componente Vegetal
  • Plantas de cannabis en estado vegetativo
  • Cannabis psicoactivo y no psicoactivo -flor seca- (solo con fines médicos o científicos)
  • Derivados psicoactivos (solo con fines médicos o científicos) y no psicoactivos
  • Productos terminados de uso humano y veterinario

 

Cada uno de estos elementos se encuentran definidos en el Decreto 811 de 2021.

 

De esta manera, se elimina uno de los obstáculos al comercio que existió en el pasado, el cual consistía en permitir la importación de cannabis y, en contraste, restringía su exportación al punto de permitirla solo con fines científicos.

 

Esta nueva resolución representa un avance real en la regulación, debido a que plantea, en su mayoría, requisitos claros que alejan de sí posibles interpretaciones del funcionario público de turno. Con excepciones sobre la posibilidad de Minjusticia, Invima y del FNE de exigir mayores requisitos en el documento que demuestre el vínculo entre el importador/exportador no licenciatario y un licenciatario (artículos 3 [num. 2.2] 4 [num. 2.3], 5 [num. 2.2], 6 [num. 2.3], 7 [num. 2.2], 8 [2.3], 10 [num. 2.3], 16 [num. 2.2], 17 [2.2], 19 [num. 2.2], 20 [num. 2.2], 21 [num. 2.2], 22 y 23 [num. 1.2]), así como la posibilidad «excepcional» del FNE de solicitar el concepto de no fiscalización al país de destino  (artículos 20 [2.4], 21 [1.4] y 24 [3.4]), los demás requisitos poco margen dejan para interpretaciones positivas o negativas.

 

Finalmente, dos aspectos a «criticar» (entiéndase esta palabra bajo la primera acepción del Diccionario de la lengua española) son (i) la eliminación del certificado de buenas prácticas agrícolas (BPA) como requisito para otorgar el visto bueno para exportar flor seca, que se había consagrado en el último borrador de resolución; y (ii) la ausencia de medidas de protección al pequeño y mediano cultivador en relación con el comercio exterior.

 

Las BPA, que según el borrador podían ser incluso otorgadas por el ICA, entidad que en su mayoría evalúa aspectos locativos, eran un requisito mínimo que planteaba que solo quienes estuvieren cultivando con responsabilidad y bajo estándares mínimos de calidad pudieran exportar cannabis.

 

Además, de no haber sido eliminada esta exigencia de buenas prácticas la visión internacional hacia Colombia hubiese sido de mayor seriedad y confiabilidad. A pesar de lo anterior, las principales naciones demandantes de este producto exigen estándares como European Union Good Manufacturing Practices (EU-GMP) o, por lo menos, Control Union Medical Cannabis Standard of Good Agriculture Practices (CUMCS-GAP), por lo que el control quedó en manos del país receptor, pero perdiendo Colombia la oportunidad de dotar de mayor seriedad y mejores estándares a la industria del cannabis. Hay que advertir que si el país de destino no exige ningún estándar de calidad, podrá salir de la nación colombiana una flor de dudosa calidad con la que difícilmente se fabricará un medicamento en el extranjero.

 

Por último, aunque en la Resolución 227 de 2022 se establecieron mecanismos eficaces de protección al pequeño y mediano cultivador de cannabis, se esperaba que, como sucedió con la implementación diferencial del protocolo de seguridad, los pequeños y medianos cultivadores fueran eximidos de algunos requisitos para importar y exportar material vegetal o productos a base de cannabis, o bien se les otorgara un tratamiento prioritario, a efectos de brindarles mayor competitividad frente a las grandes compañías.

 

Con todo, solo resta felicitar al gobierno por la expedición de esta nueva resolución, que de manera precisa y con exigencias acordes a las realidades del mercado y de la regulación, determinó los parámetros para el desarrollo de actividades de comercio exterior con semillas, grano, plantas de cannabis, cannabis, sus derivados y productos terminados.

 

Colombia, que continúa a la vanguardia, superó a su yo del pasado, abriéndose las puertas para participar en la comercialización internacional de un producto que cada día le saca más ventaja a los medicamentos a base de derivados del cannabis: la flor de la planta de cannabis.